Nota publicada por la Agencia Agencia Associated Press, 25 de octubre de 2007

La apatía domina la campaña electoral argentina

Mayra L. Pertossi
Correspondent - Buenos Aires Newsroom

BUENOS AIRES (AP) _ El cartel de gigantes números rojos ubicado en el centro de Buenos Aires recuerda: "Faltan 5 días para las elecciones". Pero nadie parece haberse percatado.

Si algo ha caracterizado a la campaña electoral de Argentina, donde el domingo 28 de octubre se elegirá presidente por sexta vez desde el regreso de la democracia en 1983, es la apatía.

Ni actos masivos, ni eslóganes pegadizos, ni avisos de candidatos invadiendo la tanda comercial, ni debate sobre las propuestas de gobierno. ¿Un error de marketing político o un efecto de la estrategia de continuidad de Néstor Kirchner y su esposa y, según las encuestas más probable sucesora, Cristina Fernández? Para los analistas, una combinación de ambos.

"La elección presidencial argentina del próximo 28 de octubre es, sin dudas, la que ha tenido menor calor popular", escribió el analista político Rosendo Fraga, quien la calificó como la campaña que más indiferencia ha generado desde 1916, cuando se estableció el sistema de voto universal, secreto y obligatorio.

Un rápido relevamiento por el corazón de la ciudad, entre oficinistas presurosos y locuaces vendedores ambulantes, demuestra que muchos aún retienen en la memoria las frases latiguillo de elecciones anteriores.

Desde el "Síganme" de Carlos Menem en 1989 al legendario "Dicen que soy aburrido" de Fernando De la Rúa una década más tarde, todos podían recordar al menos un eslogan.

Pero a la hora de repetir el leitmotiv de alguno de los 13 candidatos a ocupar el sillón presidencial este año, la respuesta fue siempre la misma: silencio.

El punto de partida parece haber sido la estrategia oficialista.

Fernández no concedió entrevistas a los medios locales, pasó buena parte de la campaña cosechando apoyos en el exterior, declinó debatir con otros candidatos --a quienes jamás menciona-- y erradicó la tradicional parafernalia peronista de sus actos de campaña, que llevan una sobria puesta en escena donde ella es la figura excluyente.

Los discursos velados, carentes de propuestas concretas, se focalizaron en los logros obtenidos durante la gestión de Kirchner y en una promesa de continuidad pero con un mensaje contradictorio: "El cambio recién empieza".

Los generosos fondos de campaña de Fernández --a quien la oposición ha acusado ante la justicia de utilizar dinero del erario público en su proselitismo-- también la proveyeron de encuestas que pronostican su indubitable triunfo.

"La estrategia del gobierno ha sido dar la idea de que el resultado (de las elecciones) ya está puesto", explicó a AP Gustavo Martínez Pandiani, master en Marketing Estratégico de la Georgia State University y decano de la Facultad de Ciencias de la Educación y de la Comunicación Social de la Universidad del Salvador.

"Hay una estrategia del oficialismo que tiende a congelar el desafío electoral. Es una campaña freezer, donde no hay discusión política", añadió.

"En estas elecciones la gente siente que no hay mucho en juego y eso explica la apatía, la falta de interés de los ciudadanos", coincidió la socióloga y publicitaria Doris Capurro, directora de una consultora de management político.

La oposición también hizo su parte. Ninguno de los candidatos ha conseguido elaborar un mensaje atractivo.

La diputada Elisa Carrió, la única con chances de medirse con Fernández en una segunda vuelta, eligió mensajes poco originales para promocionarse en televisión: sobre un fondo oscuro, una estudiante, un discapacitado, un jubilado, una joven madre y un hombre de clase media llaman a votar a "Lilita" enumerando las virtudes de la candidata.

"Ya estamos para un país mejor", reza el eslogan de promesa equívoca. Si ya estamos, no queda claro qué falta para lograrlo.

El tercero en intención de voto, el ex ministro de Economía de Kirchner Roberto Lavagna, apeló a la ironía para compensar el poco carisma que le reconocen los votantes, que en general lo ven más como un técnico que como un político.

"Nos dicen que tienen la vaca atada (el futuro asegurado), pero puede ser que la vaca tenga mejores planes", dice Lavagna a cámara de espaldas a un bovino marrón que intenta zafar de su atadura. "Argentina tiene con qué", dice una voz en off. ¿No sería más adecuado "Argentina tiene con quién"?.

"Esta elección presenta la oposición más dividida de la historia argentina... Esta baja competencia hace que en el oficialismo se pierda el entusiasmo militante y en la oposición la sensación de que, pese a los esfuerzos, es muy difícil poder ganar", explicó Fraga.

Las causas de esta apatía no son sólo conyunturales. La historia reciente de Argentina ha probado que las promesas de campaña se pierden como lágrimas en el océano.

"Las sucesivas crisis y el fracaso de la democracia en lograr una mejora del promedio de calidad de vida... ha ido generando un votante más escéptico. Este ya no cree que uno u otro resultado electoral vaya a cambiar sustancialmente su vida cotidiana", concluyó Fraga.