Nota publicada por el diario Perfil, 29 de marzo de 2008.

Cambio de alianzas

Por Gustavo Martínez Pandiani

Los recientes episodios de protesta urbana con cacerolazos esconden un proceso sociopolítico muy complejo que hasta ahora ha sido poco estudiado. Lo que se vislumbra detrás de ellos es un profundo cambio en el sistema de alianzas políticas y sociales que sostiene el proyecto kirchnerista.

A partir de 2003, cuando Néstor Kirchner ganó la elección con una muy débil legitimidad de origen (obtuvo apenas el 22 por ciento de los votos), el Gobierno decidió fortalecer su poder a través de una alianza con los sectores medios. Para ello formó un típico “gobierno de opinión pública”. Esta alianza apeló como eje a un discurso progresista, transversal y antipejotista.

El máximo esplendor de esta primera fase K de unión con las clases medias urbanas e independientes ocurrió en las elecciones legislativas de 2005, en las que Cristina Fernández de Kirchner fue el símbolo para oponerse al duhaldismo.

Pero en tan solo dos años la alianza K inicial se quebró y, entonces, el proyecto se vio obligado a buscar nuevos apoyos sociopolíticos. En este contexto, la candidatura de Cristina en los comicios de octubre de 2007 se basó en el histórico aparato del Partido Justicialista bonaerense, que hasta entonces jugara el papel del villano en el relato K.

Los cacerolazos de esta semana demuestran que los sectores medios que apoyaron a los K en 2005 los han abandonado sin retorno, porque ven que han quedado fuera del sistema de alianzas. Al perder ese apoyo, el gobierno decidió copar orgánicamente el aparato del justicialismo a través de la conducción del ex presidente Kirchner, creyendo que la liga de gobernadores e intendentes que es hoy el PJ les asegura el control territorial del poder.

No obstante, el kirchnerismo debería comprender que ese andamiaje no está unido en rigor por lealtades ideológicas ni políticas, sino más bien por lealtades presupuestarias. En todo caso, lo que en apariencia es fortaleza podría convertirse en la principal debilidad.