Artículo publicado por el diario “Crítica” el 8 de julio de 2008

El “doble comando” y las matemáticas

Gustavo Martínez Pandiani
Decano de Comunicación Social
Universidad del Salvador

De acuerdo con el algebra más elemental, 1 + 1 = 2. Pero, claro está, la política –como muchos otros aspectos de la vida social- suele escapar a la lógica de los números. De hecho la historia contemporánea demuestra que, mientras que a veces uno más uno es tres, en otros casos el resultado de la suma es inferior a dos.

Un ejemplo claro de 1 + 1 = 3 es la sociedad política compuesta hace medio siglo por Juan Domingo Perón y Eva Duarte, quienes juntos constituyeron una poderosa amalgama de poder y carisma. Dada la complementariedad de sus componentes, el binomio Perón-Evita quedó grabado en la memoria de los argentinos como una combinación sinérgica y arrolladora.

En el caso del matrimonio Kirchner, los esfuerzos de Néstor por apoyar y proteger a su esposa no parecen estar generando los mismos efectos. Aunque el ex presidente tenga las mejores intenciones, su protagonismo efusivo no sólo no fortalece al gobierno de Cristina sino que a menudo lo debilita.

Ni bien iniciado el mandato de Cristina Fernández, el patagónico convirtió a sus oficinas de Puerto Madero en un lugar obligado de peregrinación para legisladores, intendentes, empresarios, sindicalistas y gobernadores. Lejos de abocarse al prometido “café literario”, Néstor Kirchner decidió estrenar su traje de titular del PJ, sin percatarse de que las sombras proyectadas sobre el Poder Ejecutivo comenzaban a confundir a la opinión pública.

Posteriormente, con el recrudecimiento del conflicto agropecuario, el santacruceño se mostró como el más acérrimo defensor del nuevo gobierno, liderando personalmente actos y marchas de “desagravio y apoyo a la presidenta”. Esta vocación desmedida por ser el hombre fuerte del oficialismo alimenta la mordaz figura del “doble comando” y desgasta al propio ex mandatario.

Si bien es cierto que Néstor aún posee mayor poder de captación de voluntades que Cristina, su omnipresencia aísla a la presidenta y reduce su margen de autonomía política. En definitiva, la actual confusión de roles termina perjudicando a ambos. Y la sociedad política por ellos compuesta corre el riesgo de quedar reducida a la desaconsejable fórmula 1 + 1 = 1.