Nota publicada en La Nación, Suplemento Campo, 5 de mayo de 2007.

El campo, sin una estrategia común

En medio de la negociación con el Gobierno volvieron a quedar de manifiesto las diferencias entre los dirigentes del sector.

Dividido, negociando y protestando a la vez, el sector agropecuario atraviesa una época de contradicciones. Por un lado, disfruta de los altos precios internacionales de sus principales productos y de la creciente demanda que éstos tienen. Y por otro lado, está enfrentado con el Gobierno por las consecuencias de la política antiinflacionaria oficial sobre la producción.

Es sabido que las cuatro entidades históricas (CRA, Federación Agraria, Rural y Coninagro) reivindican orígenes distintos y representan subsectores particulares. Esa heterogeneidad -que ahora también se manifiesta en combativos vs. dialoguistas- ya merma buena parte del poder de negociación. Por eso, según varios analistas, a los dirigentes les cuenta compatibilizar la ansiedad de sus productores de base con los tiempos que demanda una negociación trabajosa con el Gobierno, que -además- también tiene sus internas.

"El agro ha tenido una dificultad histórica para actuar en conjunto, como lo hace por lo general la industria por medio de la Unión Industrial Argentina (UIA). La división tiene raíces culturales e ideológicas, de ahí que no sea fácil de superar. Sin dudas, esto debilita al sector al momento de actuar políticamente", dice el analista Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

Al frente del sector más duro quedó la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), que el lunes pasado comenzó -en soledad- un paro de 15 días que redujo sustancialmente el ingreso de hacienda en el Mercado de Liniers. Carbap asumió así el liderazgo de los reclamos que dejó vacante su entidad madre, Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), cuya conducción decidió no asistir más a las reuniones oficiales, pero no adoptó ninguna otra medida para manifestar ese rechazo.

En CRA, que representa a más de 300 sociedades rurales de todo el país y ya le hizo dos paros a la administración Kirchner, el enfrentamiento con el Gobierno empieza a cruzarse ahora con una incipiente actividad política interna: en septiembre próximo se renovará la mesa directiva.

En un año y medio también habrá elecciones en la Sociedad Rural Argentina (SRA), donde prometen un enfrentamiento entre tradicionalistas y modernistas. "Los dirigentes actuales venimos de un amateurismo digno de aplauso, de un esfuerzo muy grande. Se trata de gente autodidacta que divide su tiempo entre la explotación de su establecimiento y la conducción gremial. Los productores exigen que su representante sea también productor, que sea exitoso en su actividad, y piden permanentemente respuestas y que vayamos al enfrentamiento, lo que es muy difícil", afirmó Hugo Luis Biolcati, vicepresidente de la entidad.

"La particularidad que implica enfrentarse al gobierno kirchnerista es que éste aplica la lógica del enemigo como modo de construir capital político propio. Y, en este peculiar contexto confrontacionista, el sector agropecuario resulta un candidato cantado a la hora del casting que busca al villano de la historia. El anclaje social que registra la imagen de un campo llorón y poco solidario hace creíbles esas acusaciones de las autoridades", afirmó Gustavo Martínez Pandiani, especialista en opinión pública y decano de Comunicación Social de la Universidad del Salvador (Usal).

El ruralismo de Buenos Aires y La Pampa no es el único con ganas de protestar. Varias delegaciones de la Federación Agraria Argentina-que representa a los pequeños productores- y no pocos delegados de la Sociedad Rural -siempre vinculada a los productores más grandes- también piden una actitud más combativa. Para Fraga, "el oficialismo tiene como objetivo político inmediato dividir al sector, evitando que confronte en forma unida. En el corto plazo parece haberlo logrado, al realizar Carbap una medida de fuerza sin el apoyo del resto de las entidades".

Entre los dialoguistas se destacan Coninagro y el Frente Agropecuario Nacional (FAN). Esta última, la más joven de las entidades nacionales del sector, es silenciosamente resistida por las demás. Para Fernando Gioino, presidente de Coninagro, su entidad "se fortaleció negociando y dialogando con los gobiernos, presentando propuestas y evitando la protesta pero sin descartarla de su agenda. Jamás nos hemos prestado a las internas políticas ni nos ha gustado mantenernos en el medio de disputas y pujas sectoriales", dijo.

Para Martínez Pandiani, "el mejor camino para fortalecer la capacidad de negociación del agro frente al Gobierno consiste en estrechar los lazos con la sociedad. Hablar con la gente de modo fluido y permanente, y no sólo recurrir a ella cuando el incendio ya está que arde".