Entrevista publicada por el diario El Tribuno (Salta) el 21 de abril de 2008.
Entrevista a Gustavo Martínez Pandiani
"El único terreno que el campo no ha cultivado es el de la opinión pública"
Por Belisario Saravia Olmos
¿Cómo debe analizarse la relación que mantiene el Gobierno Nacional con el campo?
La relación entre el campo y el Gobierno acaba de tener un punto de inflexión. Hasta ahora el campo estaba enormemente debilitado, no por cuestiones políticas sino por una cuestión más profunda: el campo es débil para negociar con el Gobierno porque tiene, aún hoy después del último conflicto, lazos débiles con la sociedad. Al campo le cuesta negociar con éxito porque no tiene establecido un sistema eficiente de alianzas con los grandes centros urbanos y por lo tanto termina siendo políticamente débil. Esto está empezando a cambiar a partir de los cacerolazos y los últimos y nuevos sucesos.
Hubo mucha gente en las grandes ciudades que salió a manifestar su acuerdo con los reclamos del campo, pero yo le recomendaría a la dirigencia rural que no sobreestime ese apoyo porque esa adhesión en las ciudades es coyuntural y responde a otras causas. Muchos de los que caceroleaban lo hacían en contra del Gobierno y no necesariamente a favor del campo y, por lo tanto, el campo podrá creer equivocadamente que las grandes ciudades están atrás de su agenda.
Hasta ahora sigue siendo una relación en la que el poder está del lado del Gobierno y en la que el campo empieza a revitalizar la posibilidad de negociar con un poco más de apoyo social.
Existe la idea que este Gobierno siempre ha tratado con desprecio al campo...
La estrategia de construcción política del kirchnerismo, tanto con Néstor como con Cristina, tiene como principal capital político lo que yo denomino la "lógica del enemigo", que es una forma de acción política que siempre necesita de alguien que le juegue el papel de villano para poder justificar su propio poder. Esto es lo que ha hecho el Gobierno desde el inicio de la administración Kirchner y hoy le toca al campo jugar ese papel de "malo de la película". No es sorprendente que existan este tipo de enfrentamientos porque el Gobierno no encuentra en el sistema político a sus adversarios y al no tenerlos entre los líderes de la oposición los busca en el campo o la Iglesia o incluso en los medios de comunicación.
Usted ha señalado muchas veces que existe una crisis de representatividad y comunicación en sector agropecuario.
El campo tiene un sistema de representación política muy ineficiente, porque siendo un sector tan poderoso e influyente en la vida económico y social de la Argentina es inadmisible que sea tan débil a nivel parlamentario. El campo está sub representado políticamente y eso es lo que explica los problemas comunicativos que tiene. Yo suelo decir que el único terreno que el campo no ha cultivado es el de la opinión pública. El campo tiene problemas de construcción de imagen institucional entre los pobladores de las ciudades pero detrás de eso se encuentra un problema de representación.
Por ejemplo, el campo tiene problema serio que no ha sido enmendado que es la división interna entre la dirigencia de las distintas entidades. Este conflicto los muestra juntos en la foto pero sigue siendo una cuestión coyuntural y de alguna manera el "mérito" de haber unido al campo es del Gobierno y no del propio sector.
En estos momentos están conversando con el Gobierno los presidentes de las cuatro entidades, pero las bases, que no se sienten representadas, aceptan estas negociaciones, ¿cómo debe entenderse esto?
Creo que las bases han rebalsado a sus dirigentes y el emergente más notorio de este fenómeno es Alfredo De Angeli que representa a ese grupo de pequeños productores que no se sienten representados por ninguna de las entidades de manera total y que coinciden en algún punto con alguna de las entidades. Ese es un fenómeno nuevo que viene a desafiar la estrategia política del sector, cómo hacer para que las bases no terminen superando a los dirigentes.
¿Qué debe aprender el sector agropecuario de este conflicto para construir una comunicación y una representación más sólida?
Lo que el campo debería aprender es que para solucionar sus problemas de comunicación y construcción política debe afianzar sus lazos con la sociedad. El campo no puede recurrir a los centros urbanos solamente cuando tiene un conflicto sino que debe tener una relación permanente, fluida y de largo plazo para lo que tiene que apostar a hablar y explicarle a la gente de la ciudad lo que es la vida del sector agropecuario.
El campo debe hablar institucionalmente de manera permanente y no solo sacar un spot publicitario cada dos años. Debe constituir foros ciudadanos, encuentros y lazos sociales que puedan expresarse no solo en tiempos de guerra sino también en tiempos de paz.
¿Cómo se hace para dialogar con un interlocutor como el Gobierno que dice una cosa y hace otra?
Las negociaciones entre campo y Gobierno no van a ser fáciles porque no hay unidad de criterios en ninguno de los dos sectores. Hay distintos actores que participan de las negociaciones y que se manejan de distintas maneras y esto pasa en el Gobierno y en el sector agropecuario. La clave para el sector agropecuario es unificar esas posiciones y elaborar una agenda consensuada que permita identificar cuál es el límite de la negociación, porque lo peor que le puede pasar al campo es ir a una mesa de negociación con distintas visiones que respondan a cada una de las entidades.
¿Gobernadores, intendentes y legisladores que responden al oficialismo pueden salir golpeados de este conflicto por no defender a sus provincias y regiones?
El fenómeno político más interesante de este conflicto es la señal que están dejando algunos dirigentes del justicialismo que se dan cuenta que no pueden tirar más de la soga porque encuentran incompatibles su lealtad con el Gobierno y su supervivencia con sus propios electores. El reclamo que le está haciendo la gente a los gobernadores e intendentes es que defiendan los intereses de sus distritos, sus sectores productivos, y en definitiva de su gente. |