"La otra TV"
La televisión no sólo recibe y registra realidades, sino que también genera, promueve y determina. Al menos esto es lo que piensa el decano de la Facultad de Ciencias de la Educación y de la Comunicación Social de la Universidad del Salvador, Gustavo Martínez Pandiani.
“Yo creo que hay otra televisión, pero creo que esa televisión distinta a la del alto rating, no es viable en el horario central (prime time)”, comentó el experto en diálogo con LA GACETA. En este sentido, Martínez Pandiani comentó que una visión muy pragmática del tema. “Creo que existe la posibilidad de tener una televisión que ayude a la formación y a la educación del televidente. Pero esa televisión no es viable en el prime time. Ese horario central está y estará dominado por programas de entretenimiento y espectáculos, detrás de los cuáles siempre habrá una lógica del consumo”, enfatizó.
“Creo que la televisión no ha nacido para educar ni para formar al ciudadano. La televisión fue creada como un medio de entretenimiento, no como una herramienta educativa”, dijo.
Esto no quiere decir, por supuesto, que no pueda haber otra televisión. “Creo que esa pantalla educativa tiene que ser “de nicho’. Es decir, con horarios determinados, para públicos determinados, en determinados momentos del día. Pero pretender competir con un espacio educativo en el prime time contra el entretenimiento puro, al estilo Tinelli, es un acto naif”, agregó.
En este sentido, el horario central de la televisión ya pertenece al rating. Incluso, al minuto a minuto. “Otros países han tomado decisiones para revertir esto. Y lo hicieron muy bien. Por ejemplo, en Estados Unidos, donde los programas políticos entraron en crisis por la falta de rating (algo que ya está pasando en la Argentina), se resolvió abrir un espacio televisivo destinado a los programas políticos los domingos a la mañana. Yo no sé si en la Argentina habrá gente dispuesta a ver programas políticos, al estilo de ‘Hora clave’ los domingos a la mañana. Pero aquellos que no lo ven, no podrán decir que no tienen un espacio para verlos”, indicó.
Ahora bien. ¿Qué puede hacer una familia con esa televisión de puro entretenimiento que copa el horario central? Según Martínez Pandiani, hay que generar opciones a los chicos dentro de esos horarios. “Los grandes que hagan lo que quieran. Pero a los chicos hay que mostrarle opciones. Hay que enseñarles que, además de Tinelli o ‘Gran Hermano’, pueden ver un programa documental en otro canal de cable, leer un libro o simplemente charlar con los padres en la mesa. Porque muchas veces se presenta la disyuntiva de mirar un canal u otro, pero también está la alternativa de no mirar la televisión”, comentó. “El momento más nocivo de la TV es el prime time y la tarde. Sobre todo, la tarde, que tiene un nivel de vulgaridad terrible. Pero nadie obliga a los chicos a ver televisión a esa hora de la tarde. Crear opciones que a veces no están dentro de la televisión es una alternativa válida. Pero jamás prohibiría algo”, agregó.
Finalmente, Martínez Pandiani criticó el show televisivo de Tinelli o de “Gran Hermano”. “Lo que más me preocupa de estos ciclos es la inversión de valores. Por ejemplo, en la casa de ‘Gran Hermano’ prevalece la lógica de que se puede triunfar sin trabajar o estudiar. Y esto es un antivalor mucho más grande que cualquier cuerpo desnudo”, finalizó.
Somos lo que vemos en televisión. Este parece ser el axioma que proponen ciclos como “Gran Hermano” o “ShowMatch” que pretenden ser el espejo de una sociedad global en cambio constante. En los reality shows, la “tele” juega a reinventar la vida. Y esto no es poca cosa. Así, por ejemplo, en “Gran Hermano”, la ley del mínimo esfuerzo se convierte en sinónimo de éxito. O aún peor. Aquel participante que traiciona, no es solidario, no se juega o muestra sus garras, es el que finalmente gana. La final del ciclo que se dirimirá mañana estará atravesada precisamente por estos antivalores. Y aquí radica lo más nocivo del juego. Al menos para la sociedad. Claro que “Gran Hermano” no es el único programa. También “ShowMatch” o “Cuestión de peso” utilizan la misma lógica: la del castigo en lugar del premio. Y esta perversión no está sólo en los jugadores. También el público la ejerce. Porque los que son eliminados no salen del juego por culpa de sus compañeros o del jurado. Se van porque fueron votados por el público. Es el público el que tiene la última palabra. El poder está en el espectador. Y va siendo tiempo que ese poder sea ejercido en forma real. No perversamente. Bregar por otra televisión es, entonces, comenzar a hacer uso de ese poder de una manera distinta.
“El verdadero sueño de los chicos que están encerrados en la casa de ‘Gran Hermano’, y también de los soñadores de Tinelli, es ser populares. Y un antivalor tremendo que estos programas producen es mostrar que la popularidad es un atajo hacia la felicidad”, dijo Martínez Pandiani.
Desde su punto de vista, “un chico de 25 años cree que para ser feliz tiene que ser popular. Entonces, entra en la casa, la gente lo saluda en la calle y eso le demuestra una aparente felicidad. Después, todo resulta ser falso porque los pobres que buscaban desesperadamente esa felicidad quedan tirados en el camino”.
Sin embargo, le encontró el lado positivo a las cosas, y sostuvo: “si algo tiene de bueno ‘Gran Hermano’, es que permite discutir sobre estos temas”.
“En el reality show más exitoso del año pasado, ‘Cantando por un sueño’, ganó Ileana Calabró, es decir, la que peor cantaba. Entonces, lo que a mí particularmente me molesta de ese tipo de shows es justamente ese mensaje: que a un concurso de canto lo gane el que peor canta. Ahora resulta que no vale cantar, vale el show. Si seguimos esa lógica, bien podría esperarse que las próximas elecciones sean ganadas no por el mejor candidato o el que exhiba el mejor plan de gobierno, sino el más histriónico. Hay una lectura sutil y subliminal, en la cual los antivalores ocupan el lugar de los valores”, afirmó.
“Los reality shows van a estar yendo y viniendo constantemente. Esa es la lógica del prime time”, dijo finalmente Martínez Pandiani.