Artículo publicado en el diario Perfil, 26 de abril de 2008.

El kirchnerismo cierra filas

Gustavo Martínez Pandiani
Decano de Comunicación Social
Universidad del Salvador

Todo indica que se vienen duros tiempos de pelea en la política argentina. Y que, consciente de ello, el kirchnerismo ha decido cerrar filas.

El aire huele a confrontación y el gobierno nacional se muestra decidido a subir la apuesta. En su genética, no hay lugar para las dudas. Llegó el momento entonces de corroborar quiénes en la Casa Rosada están dispuestos -y quiénes no lo están- a quemar las naves ante eventuales complicaciones.

Es precisamente en este marco que debe entenderse el reemplazo de Martín Lousteau por Carlos Fernández en la titularidad del ministerio de economía. Ha llegado la hora de inventariar la tropa realmente propia.

De igual modo, el acto de Ezeiza del pasado jueves dejó en claro que el oficialismo ha iniciado un acelerado proceso de pejotización. Esta reconfiguración de la identidad parece dejar en el pasado los anhelos de transversalidad y centroizquierda que tanto animaron a los K entre 2003 y 2005.

Si hasta el legendario metalúrgico Lorenzo Miguel resultó un protagonista involuntario de la primera actividad de Néstor Kirchner como titular del PJ. Una vez más, en nuestro país, la realidad superó a la ficción.

La puesta en escena del acto organizado por el inoxidable intendente de Ezeiza, más cercana a la liturgia peronista clásica que a una estética progresista, puso en evidencia que el ex presidente sigue siendo el jefe máximo del proyecto político que alojó a Cristina Fernández en la primera magistratura.

La discursividad letal del patagónico y sus consecuencias en el gabinete señalaron con contundencia que sigue siendo él quien señala el camino y marca los tiempos de la fuerza oficialista. Aunque desde afuera del gobierno, es Néstor quien produce las condiciones de viabilidad de las políticas públicas que impulsa Cristina.

La pregunta que se impone pues es si es este complejo sistema decisorio de dos circuitos puede funcionar sin mayores costos para la presidenta de la Nación. O , dicho de otro modo, si su figura resistirá sin inconvenientes las incómodas sombras que le proyecta la desgarbada pero poderosa silueta de su esposo.