Nota publicada en La Nación, Suplemento Enfoques, 18 de marzo de 2007.
Política
La hora del packaging ideológico: combo electoral
¿En qué se parece la construcción de un candidato a la producción de
autos? Los sociólogos dicen que se construye una matriz básica y se
agregan accesorios para acomodar el producto al consumidor
Por Laura Di Marco
¿Se puede pensar una fórmula electoral como si se tratara de una oferta
especial, un combo capaz de satisfacer a diversos targets de consumidores? ¿Votamos con la misma lógica que usamos para elegir marcas de ropa en un
shopping? En tiempos de mercadotecnia, ya son pocos los que creen que, en
la dinámica de la puja electoral, la oferta de candidatos podría
asimilarse a propuestas ideológicas diferentes, a alternativas. Nada de
eso. Candidatos Volkswagen, dice el sociólogo Eduardo Fidanza, que ve en
la metáfora automovilística la manera más elocuente de reflejar cómo las
nuevas formas de la economía global modelan nuevas formas de la política:
la publicidad de productos termina pareciéndose a la venta de candidatos. "Volkswagen construye una matriz básica, un chasis duro, a partir del cual
le va agregando distintos accesorios, direccionados hacia distintos
consumidores. Tenemos, entonces, una base que es idéntica y que,
colocándole accesorios, se puede convertir en un auto de alta gama o en
otro económico. Extrapolando esta idea al mercado político, podemos decir
que Kirchner es un chasis duro, al cual se le pueden ir anexando
accesorios, según los distintos distritos, para conformar a distintos
consumidores". Fidanza sostiene que, cuando Kirchner plantea cambios en la
Corte Suprema de Justicia, busca seducir al target clase media urbana,
mientras que cuando insiste en políticas clientelares, se está dirigiendo
a los pobres.
¿Se vienen los candidatos Volkswagen? ¿Serán estos combos, armados como
una cajita feliz, el resultado de la desaparición de izquierdas y derechas
tal como las concebíamos hace 20 o 30 años? ¿La mercadotecnia vacía de
contenido a la política? O, de otro modo: ¿la nueva economía está creando
una nueva política?
En realidad, el "candidato Volkswagen" de Fidanza es una versión libre
inspirada en sus lecturas de otro sociólogo, el inglés Richard Sennett,
especialmente de su libro La cultura del nuevo capitalismo (Anagrama).
Allí, este académico de la London School of Economics expone su hipótesis
acerca de los cambios en las instituciones, las empresas, y las formas de
producción motorizados por las transformaciones del capitalismo global.
El inglés parte de la idea de un chasis común, en la producción, para
explicar que, según él, la política moderna adopta una forma similar a la
que llamamos "consenso político". Lo fundamenta: "Por ejemplo, hoy en Gran
Bretaña el nuevo laborismo y el conservadorismo moderno tienen una extensa
plataforma en común. De esta manera operó la política de la plataforma
durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo 20 en los Estados
Unidos. El partido republicano y el demócrata parecían muy diferentes pero, una vez en el poder, se comportaban muy parecido."
De la traducción al criollo de esta hipótesis se hace eco también el
politicólogo Gustavo Martínez Pandiani, decano de la facultad de
Comunicación y de Educación de El Salvador. "La idea del consenso social,
tal como la propone Kirchner convocando a los que piensan igual, como por
ejemplo al gobernador Julio Cobos, posible compañero de fórmula de alguno
de los Kirchner, sería algo así como un sidecar, ese accesorio que se
coloca como asiento del acompañante en las motos, pero que no conduce
nada".
Pero, ¿por qué para Fidanza, en la era de los líderes Volkswagen Kirchner es un chasis resistente?
"Kirchner encarna una matriz de líder estatal, la misma que expresaban
Perón e Yrigoyen. Se trata de un líder locutor del Estado, político de
tiempo completo, él y su esposa, que hablan en nombre y en defensa del
Estado-Nación."
Y, siguiendo la metáfora automovilística, podríamos decir que el problema
que tiene el mercado político argentino es que la oposición, hasta ahora,
no tiene un chasis como el de Kirchner, lo cual produce un serio -y
peligroso- desequilibrio. Dicho de otro modo: mientras que el oficialismo
tiene su Ford, la oposición no tiene nada parecido a un buen Chevrolet.
Opuestos complementarios
Macri es un candidato que tiene problemas para pasar el test de la
honestidad en algunos sectores del electorado, concluye Fidanza, y no se
trata de una simple percepción, según aclara, si no del producto de sus
propias encuestas. "Macri provoca en la gente una ambivalencia: por un
lado es un empresario exitoso y lo admiran, pero por otro muchos suponen
que hizo su fortuna con malas artes. Para contrarrestar este déficit elige
a Gabriela Michetti que le agrega el plus de la honestidad y, por ser
mujer, de la sensibilidad. De esta manera se configura un combo entre
opuestos complementarios, entre un hombre y una mujer, potencialmente
efectivo en el mercado político del intercambio."
La idea de los candidatos Volswagen disgusta a Jaime Durán Barba, el
asesor ecuatoriano de Mauricio Macri que, precisamente, puso mucho de show
en la campaña del ingeniero haciéndolo saltar baches. El ingeniero también
montó su propio escenario, del que luego se arrepintió, cuando apareció
con una nena pobre de la mano lanzando su nueva candidatura por la ciudad.
"Macri tiene una buena imagen como administrador exitoso y los
cuestionamientos acerca de su honestidad ya han perdido credibilidad
-sostiene Durán Barba. De Gabriela Micchetti nunca diría que es un
producto y menos adjuntado a la matriz de Macri. Diría que ése es un
planteo machista. Gabriela es una excelente candidata por sus propios
valores. Nunca pienso en las candidatas como un adjunto de los candidatos varones."
Suena lógico que Durán Barba y, en mayor o menor medida el resto de los
publicistas que son contratados por los candidatos para vender su imagen,
desacretiden la conexión entre la campañas políticas y la venta
publicitaria. Más bien, estas son ideas exploradas por cientistas
sociales, que están planteando investigaciones de largo aliento y a mayor profundidad.
"Desafortunadamente, gran parte de la mercadotecnia rioplatense se asocia
a la chantada de quién sabe mentir bien. Muchos marketineros vernáculos
improvisan y parecen recurrir a la magia antes que a la ciencia política.
Interpretan que su trabajo consiste en hacer ver flacos a los gordos y
altos a los petisos. Pero de la política chatarra se sale con buena
política, no con buena comunicación. Creo, además, que ambas cosas pueden
ir juntas", apunta Pandiani, en su doble rol de académico y experto en marketing.
Daniel Scioli, impulsado por Carlos Menem como símbolo del joven exitoso,
emprendedor y mediático, siempre tuvo problemas, ya dentro del
kirchnerismo, para dar con el target "progresista" de Kirchner y Cristina.
Es decir, igual que Macri, es un postulante que, según los sondeos, es elegido por un perfil de votante que se ubica del centro hacia la derecha.
Autor de Los cuatro peronismos , el ensayista Alejandro Horowicz ve, en la
elección misma de (Daniel) Scioli como compañero de fórmula, en 2003, la
idea de un combo político. "Scioli le aportaba el menemismo a Kirchner
-afirma Horowicz-; por eso después tuvo que lavarse, reciclarse y hacer un
recambio discursivo". Precisamente para "ablandar" a Scioli, cuando
todavía se pensaba que competiría en la Capital, la idea era anexarle como
compañera de fórmula a la senadora Vilma Ibarra, llamada a suavizar, como elemento de centroizquierda, el perfil del candidato.
Bajo el mismo argumento alquímico ahora danza el nombre de Graciela Ocaña,
como su potencial pareja política.
Es mediodía en Puerto Madero y el sol pega de lleno sobre el río en el
final del verano. El alto funcionario porteño -"operador en las sombras"
que actualmente integra el comando de campaña de Jorge Telerman y hasta
hace muy poco formaba parte de la mesa chica del destituido Aníbal Ibarra-
preside un almuerzo con periodistas que suelen alimentarse de sus off the
records. El tema es la campaña porteña:
-El verdadero enemigo a derrotar es Macri, no Filmus -dice el operador, que se autodefine como progresista.
-No podemos regalarle la ciudad a la derecha. El problema es que
demonizarlo pegándolo a los noventa no va a funcionar tan bien como en
2003; hay chicos que lo votan por Boca y ni siquiera saben qué era el menemismo.
-Pero la campaña de ustedes, ¿cuál va a ser? -pregunta un periodista de la
rueda.
-Depende. Si Macri se presenta en la Ciudad, es un discurso. Si no se
presenta, será otro.
-Ahora, honestamente -lo desafía, esta vez, el enviado de un diario
local-, ¿usted cree que Macri y Telerman son dos candidatos muy diferentes?
El operador piensa unos minutos y, finalmente, concluye resignado:
-No.
Y deja flotando una sensación compartida: por primera vez, está diciendo la verdad.
El ciudadano consumidor
Sennett no usa, como Fidanza, la vara de Volkswagen para conectar los
cambios entre la economía y la política. Traza, en cambio, un paralelo con
el gigante Wal-Mart, el gran proveedor de productos baratos. El académico,
que ganó el premio Europa de Sociología por sus ensayos, compara la
desaparición de los vendedores en Wal-Mart con la desaparición de los
partidos políticos tradicionales, mediadores entre el gobierno y la
sociedad civil. Así, tanto de la cadena comercial como del mercado
político parecen estar diluyéndose los tradicionales encargados de persuadir.
Mirando la escena local, Horowicz asiente con un ejemplo: "El único punto
de contacto entre el Gobierno y la sociedad civil es el Presidente. Lo
demás, está todo destruido. Y cualquier candidato que coloque el
kirchnerismo en cualquier distrito no representa en sí mismo nada porque
no decide nada".
Sennett habla de la escala planetaria: "El corazón de la política actual
resulta ser la mercadotecnia, lo que no parece precisamente bueno para la
vida política. La idea misma de la democracia requiere mediación y
discusión cara a cara, más deliberación que empaquetado".
El inglés ofrece un ejemplo de su propio país cuando explica que los dos
principales partidos dedicaron recientemente 700 horas de debate
parlamentario a los riesgos y beneficios de la caza de zorros con perros,
en tanto que sólo consumió 18 horas de deliberación la creación del
Tribunal Supremo para el Reino Unido. Y remata: "La interminable obsesión
de la prensa y el público por las características personales de los
políticos enmascara la realidad de la plataforma de consenso. En la
exaltación simbólica de la trivilidad no hay nada nuevo: lo nuevo es la
consonancia entre la publicidad de productos y el comportamiento
político."
El publicista argentino Ernesto Savaglio -que provocó un escándalo
mediático en la última campaña cuando convenció a Ricardo López Murphy
para que grabara un polémico spot en el que usó la palabra "poner" en
doble sentido- admite que la mercadotecnia influye, pero anota matices: "Los candidatos son marcas, pero no son productos, porque la ilusión que
evocan es distinta. López Murphy es una marca pero no es lo mismo que
vender una mayonesa, así como vender una mayonesa no es lo mismo que hacer
un comercial de un neumático. Lo que sí es cierto es que las ideologías ya
no existen; existe lo que ahora se llama "las culturas". Cultura Nike,
cultura Adidas, etcétera."
Pero si, en términos globales, hablamos de que al calor de la
mercadotecnia se está vaciando de contenido la política, ¿cómo puede
leerse esto en el contexto local? Salta a la vista que el voto
políticamente cargado de las elecciones de 1983 parece estar muy lejos de
los candidatos creados sobre matrices idénticas. ¿Hubo un punto de inflexión que nos dejó este vaciamiento de contenido, esta esfumación del debate?
Si miramos hechos, Durán Barba lo sintetiza así: "Hay una nueva economía,
un nuevo tipo de ser humano, y por lo tanto debe haber una nueva forma de
comunicación política. Las luchas ideológicas del siglo XX dejaron un
reguero de sangre detrás de sí. Hoy los políticos se diferencian por cosas
mucho más profundas, que tienen que ver con la vida cotidiana de la gente.
Las izquierdas y derechas, tal como se concibieron en el siglo pasado,
están, para el elector común, tan vigentes como el mito de que los niños
nacen de un repollo".
Para el argentino Horowicz, que en 2001 escribió El país que estalló, el
asunto es otro: "En el 83, con la victoria radical, se constituye la
democracia de los ciudadanos. Los ciudadanos opinan, peticionan, y el
gobierno resuelve. Después de los estallidos hiperinflacionarios del 89,
se constituyó la democracia de los consumidores. Esto es, una democracia
donde el salario promedio equivalía al costo de un pasaje barato a Miami.
El menemismo, con valores compartidos por buena parte de la sociedad, vino
a legitimar el derecho a blanquear los deseos más bochornosos que puedan
atravesar a un ser humano y actuar como si fueran los más razonables del
mundo".
Para Martínez Pandiani, la clave está en las estrategias de comunicación:"Los noventa marcaron la llegada del politainment (mitad política, mitad
entretenimiento) a la escena local. Y esa espectacularización del poder
dio lugar a un género comunicativo híbrido, que es el que hoy reina, a mitad de camino entre el proselitismo y el show."
Quebrar el hechizo
¿Cómo trascender la ilusión política que generan los candidatos armados
como un Volkswagen, que pueden engañar casi tanto como aquellos espejitos
de colores que usaban los españoles con los indios? ¿Cómo sortear la
trampa de "comprar" a un candidato sólo porque usa el argumento más
convincente de venta?
Casi todos los que se dedican al marketing político defienden el argumento
de que su cliente debe tener una comunicación fácil para no dormir a su
audiencia. Pero Sennett discute este argumento, alentando al ciudadano a
que no actúe con los parámetros de un consumidor sino, más bien, con los
de un artesano, que se toma su tiempo para resolver problemas.
"La comodidad del usuario embrolla la democracia -asegura el inglés-.
Efectivamente, la democracia exige que los ciudadanos estén dispuestos a
hacer un esfuerzo para descubrir cómo funciona el mundo que los rodea. El
ciudadano como artesano haría un esfuerzo de averiguación. El punto no es
que el candidato sea aburrido, sino cómo se organiza la atención."
Es en este punto, agrega Fidanza, donde los medios masivos tienen mucho
para aportar planteando debates. "Hay un dato nuevo: entre la mitad del
año pasado y la actualidad, la televisión se repolitizó. La marcha de
Blumberg, la contramarcha de D Elía, los batatas, los barrabravas del
Francés y la cobertura de Misiones fueron imágenes muy fuertes y de alto
impacto para el espacio público."
Finalmente, Horowicz sugiere algo así como una reconversión de los valores
porque, según cree, hay un punto en el que todos seguimos menemizados. "Las sociedades son serias cuando discuten un paradigma, cuando discuten
valores. La imagen de Bush no se deterioró por Irak sino por la mentira
acerca de Irak. Entonces, podemos decir que el paradigma funciona. Mentir
es grave y la mayoría lo entiende así. Pero cuando una sociedad, como la
nuestra, sostiene como valor articulador el éxito a cualquier costo, que
tan bien supo captar el menemismo, estos son los resultados."