Extractos de la nota publicada en revista Para ti, 9 de marzo de 2007.

El fenómeno del rating de Gran Hermano

¿Qué hacer con los menores?

Tres emisiones diarias.  Un canal de cable que muestra durante las 24 horas la intimidad de “la casa”.  Galas, debates y programas de otros canales dedicados a repetir los momentos más polémicos: romances, disputas, traiciones.  Es imposible que tu hijo no lo haya visto.  Aquí, analizamos qué hacer con la curiosidad que despierta en los más chicos y con las preguntas que, como padres y madres, estamos obligados a contestar.

La prueba es sencilla: basta tomar el control remoto y comprobar que es imposible pasear por todos los canales sin toparse con al menos una imagen, un mini-debate o un comentario sobre Gran Hermano.  Es que lo que se supone que es sólo “un programa de televisión”, a fuerza de altísimos ratings y de la propia lógica del ciclo que propone 24 horas de transmisión sin cortes, invade la grilla televisiva sin ningún tipo de límites.

¿Cómo hablarles a los chicos de Gran Hermano?

Frente a la realidad del “fenómeno” que impide la evasión, las preguntas de los chicos se multiplican y los padres se encuentran con la difícil tarea de tener que explicar lo que ocurre en “la casa”, lo cual muchas veces obliga a anticipar temas y respuestas que, de otra manera, hubieran llegado más tarde.  “Los chicos son curiosos por naturaleza, y poder ver lo que hacen los grandes los atrapa, porque ese es justamente el mayor deseo infantil.   La curiosidad es una de las expresiones de la sexualidad infantil.  Por eso no es cuestión de limitar la curiosidad, sino de evitar que queden aplastados por ella.  No se trata de prohibirles ver, aunque sí de ponerles límites y, sobre todo, de estar cerca de ellos para guiarlos y responder sus preguntas”, recomienda la psicoanalista Rebeca Hillert, especialista en niños y adolescentes, docente y supervisora de Centro Dos.

Para Gustavo Martínez Pandiani, Decano de la Universidad del Salvador, “lo primero que hay que hacer como padres es intentar que los chicos vean otra cosa o fomentar actividades alternativas a la televisión.  Pero si lo ven, hay que tratar de verlo con ellos para filtrar la nocividad del programa, e intentar transformarla en un diálogo sobre valores”.  La psicoanalista Beatriz Goldberg coincide en que el programa puede convertirse en una oportunidad para hablar con los hijos: “lo más grave del programa no es la desnudez o que se hable de sexo, porque esto está todo el tiempo en la televisión.  Lo peor, sin duda, es el modelo de éxito que proyectan éste y otros programas.  Ahí es donde deben actuar los padres.  El problema es que muchos padres sueñan con que sus hijos sean famosos y también ven el programa”.

¿Juego o realidad?

“Gran Hermano es nada más y nada menos que un programa de TV, un juego.  Se parece a la vida, pero la vida es otra cosa”, repiten una y otra vez hasta el cansancio conductores y panelistas del programa.  Para la psicoanalista Cristina Castillo, especialista en familia, docente y supervisora de Centro Dos, “es llamativa la reiteración de que se trata de un juego.  Y eso es porque no queda tan claro: la gente llora, se desborda, se angustia, toma partido.  El hecho de que sea un juego no implica que no haya riesgo.  Los chicos lo ven con total realidad porque las peleas, la segregación, el complot, etcétera, son cosas que también pasan en el colegio, a veces incluso de manera más cruel.  Los padres deben explicar que es un juego y, también, un negocio.  Por eso están allá quienes están: personajes buscados desde los estereotipos (un ex preso, una ex bailarina de boliche, una gordita simpática, una con un súper cuerpo), y así no es la vida real.  Hay otras vidas y modelos de éxito, los de la mayoría de las personas, que no pasan por la televisión y que no están ahí porque no sirven al negocio”.

En coincidencia, Martínez Pandiani considera que hay que ser tajantes: “es todo lo contrario de la realidad: es un unreality show.  Desde el hecho de que se les paga por estar ahí, que se les dice qué tienen que hacer y cuándo pueden hacerlo, es obvio que la gente no es espontánea.  Y es necesario tener un rol de docentes – padres frente a los chicos: esto no es la realidad, el mundo no funciona así ni se logran cosas con gente que no trabaja ni estudia.  Los problemas reales no son ´qué le dijo Fulano a Mengano´ o si Sergio Denis no te va a dejar entrar a su casa de vuelta.  Los problemas graves de la vida real son otros, mucho más acuciantes y de implicancia social”.