Nota publicada en La Nación, Sección Política, 21 de enero de 2007.

Un difícil salto a la pelea electoral

Por Oliver Galak
De la Redacción de LA NACION

Para los especialistas, la buena imagen del ingeniero puede no traducirse en votos

Juan Carlos Blumberg enfrenta un serio dilema. Le piden que se convierta en político porque es creíble para una porción importante del electorado, pero la razón por la que consiguió semejante nivel de popularidad es justamente porque no parece político.

Encuestadores, sociólogos y analistas de la opinión pública coinciden: Blumberg es de los dirigentes con mejor imagen, especialmente en la provincia de Buenos Aires, pero le cuesta transformar esos índices de popularidad en intención de voto.

"Les pasa a muchos políticos como a Lavagna [Roberto]. La buena imagen de un político no necesariamente implica un mayor caudal electoral", sostuvo la directora de la consultora Analogías, Analía del Franco.

Una encuesta de Analogías realizada el mes pasado en la provincia de Buenos Aires lo muestra segundo, pero muy lejos del primero, en intención de voto para candidato a gobernador. Según quien sea el candidato del oficialismo, Blumberg varía su caudal electoral entre el 9 y el 13 por ciento. Con Daniel Scioli enfrente, el titular de la Fundación Axel Blumberg obtendría el 11,4 por ciento.

Según Del Franco, su imagen consolidada es la de un referente social, pero no la de un postulante a un cargo ejecutivo. "Por ahí le iría mejor como candidato a un cargo legislativo", dijo la analista. Ocurre que para los cargos legislativos el votante considera más la opinión o la capacidad de presión del candidato, y cuando se trata de elegir al destinatario de un puesto ejecutivo "se evalúa si tiene un partido detrás o si está solo, si puede lidiar con el peronismo en el distrito, si tendrá capacidad para gestionar", indicó Del Franco.

Sergio Berensztein, de la consultora Poliarquía, definió como "rol metapolítico" el que pretende ocupar Blumberg con su convocatoria a unificar la oposición. "Es un personaje difícil de encasillar; no se parece a otros dirigentes vinculados con el discurso contra la inseguridad, como Luis Patti, Aldo Rico o Carlos Ruckauf", dijo el politicólogo, para quien Blumberg hasta ahora ensayó una construcción "heterogénea y pragmática" en la cual pudo establecer contactos con dirigentes de centroderecha, piqueteros como Raúl Castells o representantes de distintas confesiones religiosas.

En algunos focus group realizados por Poliarquía se registró que amplios sectores sociales que apoyan a Blumberg verían negativamente su paso a la política. ¿Por qué? Algunos porque consideran que no está bien que aproveche su desgracia personal para sacar rédito político; otros porque piensan que debido a su "ingenuidad" política puede ser "usado" por los partidos tradicionales.

Paradoja

Para Gustavo Martínez Pandiani, decano de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad del Salvador, "Blumberg hoy ocupa un lugar políticamente relevante justamente porque no es político".

"Hay hasta cierta inexperiencia política. Dijo que iba a convocar a dirigentes a los que no había consultado antes. Entonces le ocurrió el desplante de Carrió [Elisa]", dijo Martínez Pandiani. Para el investigador, "el distrito de Blumberg es el sentido común".

"La imperfección, los errores de articulación, la repetición del «¿me entiende?», toda la semiótica de Blumberg es la de una persona común, aquella que se horroriza con un crimen y se siente a la intemperie del sistema de partidos. Es un espectro que incluye la clase media baja y la clase media alta", evaluó.


Las encuestas de Del Franco también lo muestran como un candidato "transversal" en cuanto a los sectores sociales, aunque no en la división geográfica. "Está mucho mejor en el conurbano. Pero no tiene tanto predicamento en el interior de la provincia", dijo la encuestadora.

Heriberto Muraro, titular de la encuestadora Telesurvey, está convencido de que "la mayor fuerza de Blumberg es que la gente lo siente como un dirigente apolítico".

Para el experto, la sociedad no lo ve como exponente de la mano dura ni como hombre de derecha. "Ni siquiera se lo percibe como un dirigente opositor al Gobierno -afirmó-. Le va a costar muchísimo pasar del liderazgo que tiene desde una organización no gubernamental a transformarse en un candidato político."